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“Le suplico a la Corte Suprema que revise mi caso”



 
En un país donde a la justicia se le invierte anualmente una suma que ronda los 2 billones y medio de pesos, gran parte de estos recursos destinada al fortalecimiento de los aparatos de investigación judicial, no esperaría uno que personas inocentes continúen siendo condenadas para vivir un doble infierno, el primero, el de las dramáticas condiciones de vida que hay en las prisiones colombianas y el segundo, el que significa cargar con una culpa que no le corresponde.

El caso que pretendía hallar y castigar a los culpables del crimen del locutor chocoano, José Emeterio Rivas, ocurrido en zona rural de Barrancabermeja en abril del 2003, tiene esas particularidades. Inocentes en la cárcel y culpables gozando de la libertad y lo que es peor, sin la presión de las autoridades, aunque hay paramilitares presos que confesaron los hechos.

Y es que los días pasan pero para Julio Cesar Ardila, el exalcalde de Barrancabermeja, condenado según él injustamente por el homicidio de Rivas, el tiempo se ha detenido desde el día en que un juez de la República, basado en el testimonio de un desmovilizado, lo condenó a la pena de 28 años de sombra. EL FRENTE conversó con él en la Cárcel La Modelo de Bucaramanga.
Su condena fue confirmada hace dos años por un juez del circuito y aunque le quedaría la instancia de casación, donde magistrados de la Corte Suprema de Justicia podrían revisar su expediente, la solicitud ha sido negada en dos ocasiones.
El próximo 30 de abril cumplirá 8 años de prisión. “Injustamente”, dice tajante Ardila Torres. “Estoy aquí porque los magistrados de la Corte se han negado a revisar mi caso, viviendo una paradoja judicial que me tiene al borde de la locura porque es contradictorio que mientras en Justicia y Paz se reconozcan a los confesos autores materiales e intelectuales del homicidio del negro Emeterio (como se le conocía popularmente) en la justicia ordinaria los jueces insistan en considerarme el culpable de esos lamentables hechos”, expresó el exmandatario.
“Los jueces no quieren mirar para otros lados. Se han dado a la tarea de satisfacerse condenando falsos culpables con el testimonio de falsos testigos”, contó Ardila Torres.   

Justicia cree en testigo que
luego investiga por mentiroso
 
El exmandatario se refiere a Rayner Enrique Brokate Riberos, un joven que ahora, por haber mentido en sus testimonios rendidos dentro de este proceso, está siendo  investigado por la Fiscalía Quinta Especializada de Bucaramanga por la presunta conducta punible de Fraude Procesal.
Sí. Su testimonio, dado bajo la gravedad de juramento, fue pieza determinante para que la Fiscalía General de la Nación, basada en este único testigo, pidiera la condena del ex mandatario de Barrancabermeja, señalado por Brokate como la persona que obró en calidad de supuesto determinador del asesinato del locutor, ocurrido 10 de abril del año 2003 y perpetrado por un paramilitar.

“Su misma madre lo considera como enfermo mental. Ya se habla de que, incluso, nunca fue desmovilizado de las Autodefensas Unidas de Colombia y no podía desmovilizarse ni antes ni ahora por la sencilla razón de que nunca fue paramilitar”, expresó contrariado Ardila Torres.   
Según su declaración, Brokate aseguró al organismo judicial, en 2006, que siendo patrullero del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia, bajo el mando militar de alias Bedoya, fue testigo de una reunión, realizada el 26 de marzo de 2003 (10 días antes del crimen), de la que supuestamente participó el ex alcalde y los ex funcionarios Fabio Pajón Lizcano y Abelardo Rueda Tobón y en la que, presuntamente, se habrían acordado algunos detalles del crimen.
Según el presunto paramilitar esa no fue la única reunión pues Brokate indicó que el 2 de abril, cuatro días antes del homicidio, nuevamente se reunieron los antes mencionados, pero esta vez con un nuevo elemento. Se trataba, supuestamente, de un maletín en cuyo interior habría una suma de dinero que rondaba los 150 millones de pesos.

Jefes paras niegan conocer testigo

Sin embargo, los mismos jefes paramilitares de la época, como alias Felipe Candado, le dijeron a EL FRENTE que esa persona, supuesto paramilitar, no era más que un “muchacho con problemas mentales que se inventó cosas que nunca ocurrieron, todo para ser la piedra angular de un montaje orquestado con el objetivo de tumbar a la administración de Julio César Ardila Torres”.
Entre los ex paramilitares que se han declarado culpables por este hecho se cuentan a alias Julián Bolívar, ex comandante del Bloque Central Bolívar; Pablo Emilio Quintero Dodino, alias Bedoya, comandante militar para Barrancabermeja y el bajo Rio Negro; Wolmar Said Sepúlveda, alias Wolman, quienes además aseguraron no conocer a Brokate y negaron que haya pertenecido a las Autodefensas.

 “Esto fue ordenado por un comandante militar, fue una operación militar no política, ordenada por Hernán Darío Marulanda Meza, alias ‘Felipe Candado’”, insistió a su turno Rodrigo Pérez Alzate, comandante de las AUC en el Magdalena Medio, antes de la desmovilización de 2005. “Las declaraciones de ese muchacho son muy generales y ambiguas. Sin detalles. De lejos se ve que ese muchacho miente”, acotó Pérez Alzate.  
Pese a lo anterior, por el testimonio de Rayner Enrique Brokate Riberos, en el año 2009, fueron condenados a 28 años de prisión Julio César Ardila Torres, Fabio Pajón Lizcano y Abelardo Rueda Tobón.
A los dos últimos el Tribunal Superior de Santander, en decisión de segunda instancia les rebajó la pena a 13 años de cárcel pues cambió el grado de participación en los hechos, no como determinadores sino como cómplices, mientras a Ardila le sostuvo las conductas punibles de homicidio agravado y concierto para delinquir.
Sin embargo, Pajón Lizcano no alcanzó a conocer su suerte jurídica pues fallecería meses después, en el centro penitenciario donde se encontraba recluido.

Crisis familiar

La condena a 28 años de prisión no es exclusiva para Julio Cesar Ardila. Su familia, quienes creen firmemente en su inocencia vive en carne propia el drama de la injusticia al punto que una de sus hijas, como protesta silenciosa, se encadenó a un árbol, junto al Palacio de Justicia en Bogotá para reclamar la revisión del proceso.
“Mi hija ha sentido esto como propio y ha iniciado una lucha voluntaria para pedir justicia en mi favor. A mí esto me duele mucho, mi hija debería estar pensando en su futuro pero invierte cada segundo de su presente en ver qué puede hacer para ayudarme”, lamentó el exalcalde.

Las amistades peligrosas
de Emeterio Rivas


Rivas, bien "dateado" y con un discurso rebelde contra las administraciones, ganó sintonías a granel pues existía entre la comunidad barranqueña el pensamiento de que era quien decía públicamente lo que el ciudadano del común pensaba de sus funcionarios públicos, quienes sentían pavor a la hora de caer en sus críticas o alivio al ser objeto de alabanzas. Sí, desde su programa Las Fuerzas Vivas, emitido desde la emisora Calor Estéreo, Rivas era una voz polémica de garganta incendiaria, al punto de tener un poder decisorio, por ejemplo, en la época de las elecciones locales.
Sin embargo, Rivas caminaba erráticamente sobre la delgada línea que hay entre el pecado y la virtud. En el gremio periodístico de Barrancabermeja se sospechaba con anuencia de que tenía nexos, más allá de los periodísticos, con la cúpula paramilitar del Bloque Central Bolívar que delinquía en el Puerto Petrolero, incluso también se hablaba de que jugaba al mismo tiempo para el bando contrario (las Farc), grupos que para la época libraban una guerra sangrienta por el control del Puerto Petrolero.
El hallazgo de su cuerpo se efectuó horas después de su muerte, en el kilómetro 30 de la vía que de Barrancabermeja conduce a Bucaramanga y según las confesiones realizadas por el jefe -para- Pablo Emilio Quintero, alias Bedoya (publicadas en su momento por este diario), efectivamente esa relación existía.

Alias Bedoya contó a EL FRENTE su versión sobre el crimen, en el que también fueron asesinados Pablo César Montecinos Reyes, Óscar Darío Camargo Serrano, Edwin Ariel Gutiérrez Gutiérrez, Gloria Elcy Nanclares Vallejo (muertos solo por haber sido testigos presenciales del crimen de Rivas, según la versión de Bedoya):
“Él (Rivas) era prácticamente uno más de las autodefensas y su muerte fue por unos conflictos de tipo interno que había con él. El me hacía favores a mí. Me trasladaba personal y armas. En su calidad de periodista no lo requería la policía. Una vez se perdieron unas armas que él llevaba y ahí comenzó el problema. Él dijo que las armas cayeron en un retén. Investigamos y nos dimos cuenta que era falso. Y por eso se ordenó la muerte con la aprobación de Felipe Candado, quien también estaba muy molesto con el periodista porque estaba mal influenciando a Castaño en contra de él (de Felipe Candado).

“Entonces fue ahí cuando él dijo: “Hay que sacar a Emeterio del camino”. Yo preparé la reunión y ahí se presentaron los hechos por los cuales pido disculpas a los familiares de estas personas inocentes que allí murieron pues nada tenían que ver”, expresó Bedoya durante una de las audiencias de Justicia y Paz, y quien aseguró, para explicar cómo resultó el exalcalde involucrado en este caso que, hubo “una efectiva persecución política en contra del ex mandatario”.  

Camilo Silvera/EL FRENTE


Publicacion: Lunes 25 de Abril de 2016 


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