Detrás de la cordillera está la otra Colombia: El Llano | Editorial | Opinión | EL FRENTE
 
 
 
 
 
 


Opinión - Editorial


Detrás de la cordillera está la otra Colombia: El Llano



La problemática de los derrumbes que se presentan en la vía al Llano no es reciente. No son nuevos. Es un problema de veja data y que se agudizó por falta de decisiones políticas y de verdaderas acciones para construir una vía funcional, duradera y con proyección al desarrollo de la región y al progreso de Colombia.

El Llano colombiano es la muestra fehaciente de lo que es un monumento a la desidia. Es la muestra palpable de como la corrupción le quitó la oportunidad de progresar a la región más rica del país, que como una paradoja, parece que no perteneciera a esta nación, porque es una de las más olvidadas del territorio nacional.

Desde ese nefasto 28 de junio de 1974, hace 45 años, cuando la tierra rugió y se vino abajo la montaña y causó destrucción y muerte en el sitio Quebrada Blanca, se debieron realizar acciones contundentes para construir una autopista y no esos carreteables que han perdurado en medio de la corrupción, la parapolítica, los grupos criminales, alcaldes inoficiosos, gobiernos desentendidos y una comunidad olvidada.

Otra vez el invierno es el causante de los estragos. Pero la culpa no es toda de la madre naturaleza. Es de los Gobiernos nacionales, de los Ministros de Obras, de los Gobernadores de los Departamentos que conforman esa vasta zona y de los Alcaldes que llegan a su puesto y se quedan en el cómodo trabajo de no hacer nada, porque es costumbre y así, con cada derrumbe de la montaña, tienen pretextos de sobra para pedir recursos que se pierden en cientos de pasos burocráticos.

Otra vez se ha decretado el cierre total e indefinido de la vía al Llano. Así, de buenas a primeras. Decisión tomada, decisión ejecutada. Pero no se piensa en la comunidad, en los agricultores, ganaderos, empresarios, el comercio. No se piensa en la economía que mueve toda la región y que alimenta a Colombia y una vasta zona del exterior.

En lugar de generar soluciones inmediatas, el Gobierno nacional se queda a la espera de que suceda un milagro. No hay un plan de choque para sacar los productos de la zona e ingresar insumos de producción. De inmediato se anuncia puentes aéreos que tienen la particularidad de prestarse con pasajes imposibles de pagar porque las aerolíneas aprovechan su cuarto de hora para sacar dinero por todas las hendijas que pueden y el pueblo es el principal foco para ordeñarle los bolsillos.

Aquí deberían entra a jugar el Gobierno y declarar Calamidad Nacional y hacer que se preste el servicio aéreo con pecios comparados con los del transporte terrestre cuando la vía está en perfectas condiciones.

Hay que buscar realizar trazados que garanticen que las vías son seguras y que las calamidades van a desparecer. Pero en esa danza de los millones que significa cada taponamiento de la vía, lo último que hay en la carpeta es planificación y ejecución de obras con cero riesgo de taponamientos a futuro.

A esto le sumamos la perla del contrato del manejo de peajes concedido a Coviandes, hasta el 2954, que se embolsa un dineral y que, gracias a los corruptos, firmaron unas condiciones inverosímiles que no obligan a esta empresa privada la atención integral y definitiva de los puntos críticos en la ruta, sino que le pusieron la cereza al pastel con la firma de un contrato adicional y tres otrosíes en los cuales, de forma generosa y sospechosa, se eximió a Coviandes de la responsabilidad de solucionar los derrumbes en los sitios inestables.

No es hora de llorar sobre la leche derramada. Es el momento de demostrar que El Llano pertenece a este país y no es esa otra Colombia que sólo es importante cuando todo está bien y no tiene soluciones cuando la región entera padece los estragos del invierno. Éste es un buen momento para buscar soluciones eficientes y eficaces.



Publicacion: Sabado 22 de Junio de 2019 


 Comentar... 
 
 

Back to Top