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Opinión - Editorial


Pronóstico reservado en la política santandereana



No están los partidos políticos colombianos preparados para la batalla electoral del 27 de octubre como consecuencia del fracaso de la última reforma electoral y de la serie de requisitos que la rama legislativa del poder público le ha impuesto a la democracia colombiana.

Hubo la oportunidad de fortalecer la democracia, de establecer la lista cerrada, de reducir los costos de las campañas, pero prefirieron dejarla al garete, con todos los vicios heredados de la Constitución de 1991 que, en vez de facilitar el acceso a los cargos de elección popular, estableció la competencia desleal de ‘grupos de ciudadanos’ que les quitan tajadas a los partidos históricos, erosionando sus activos electorales y provocando la anarquía y la confusión que estamos padeciendo.

El desconocimiento abismal de la realidad social y política de las regiones, hace que desde Bogotá prevalezca el centralismo en la expedición de los avales, que por derecho natural debería ser la principal función de los directorios departamentales y municipales. La improvisación en estas materias está destruyendo el vínculo de los jefes naturales de los partidos históricos, que son el principal activo que les queda a liberales y conservadores, que han sostenido los pilares de la democracia.

Quien se le mide a una candidatura a la gobernación de Santander con los costos que encarna una aventura de tal naturaleza. Quien puede confiar en las alianzas y coaliciones, que conducen a la pérdida de identidad y del compromiso de doble vía que debe existir entre electores y elegidos. Cuando los partidos históricos eran fuertes, el departamento de Santander era ejemplo de organización de la política nacional.

Aquí nacieron y se desarrollaron las candidaturas presidenciales de Carlos Lleras Restrepo, Virgilio Barco Vargas, Alfonso López Michelsen, Belisario Betancur, Misael Pastrana Borrero, Luis Carlos Galán Sarmiento, Horacio Serpa Uribe y Andrés Pastrana Arango, porque el departamento de Santander representaba el meridiano de las grandes decisiones nacionales. Ahora somos un apéndice de los senadores elegidos por el centralismo político que estableció la Constitución de 1991.

El partido político más beneficiado ha sido el Centro Democrático, que se ha llevado noventa mil votos de Santander, negándole a nuestro departamento la representación en el Senado.

Los santandereanos tenemos que fortalecer nuestra independencia para elegir a nuestros legisladores. Un departamento que tiene un potencial electoral superior al millón doscientos mil votos, de los cuales un inmenso caudal contribuyó a la reelección del doctor Álvaro Uribe Vélez en el senado de la república, debería ser mirado con mayor respeto por las elites nacionales.

En el abanico de aspirantes a la gobernación de Santander ha puesto sus banderas una mujer, Ángela Hernández Álvarez, que tiene el timbre de la heroicidad y el don de la palabra como la velocidad del rayo para iluminar el firmamento. Una mujer digna, que ha luchado contra la impunidad y contra el matrimonio de parejas homosexuales. También avanzan otras expresiones democráticas, representadas por Mauricio Aguilar Hurtado, Jorge Rafael Cote Cadena y Emiro Arias Bueno, cuyas hojas de vida conocemos ampliamente y son prenda de garantía para la región.

 Una enorme responsabilidad tenemos al elegir el nuevo mandatario de los santandereanos, pero no con el esquema que han trazado las elites de izquierda que quieren apoderarse del departamento, los falsos apóstoles de sectores que simpatizan con los grupos armados ilegales, sino con la debida protección de la gente que trabaja y se esfuerza por crear y mantener empresas, por fortalecer y defender las fuentes de empleo para nuestros conciudadanos. Todo lo demás es un peligro para el departamento y para Colombia.  

Rafael Serrano Prada.
Director/EL FRENTE.




Publicacion: Domingo 23 de Junio de 2019 


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