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Opinión - Editorial


Dictadura de Venezuela, la mayor expresión del terrorismo mundial



Son escalofriantes los informes elaborados por la Delegada para los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, que encabezó una misión humanitaria de la ONU sobre territorio de Venezuela, donde encontró la mayor tragedia que se haya producido en territorio latinoamericano desde los tiempos de la conquista española hasta nuestros días.

Miles de asesinatos ejecutados por hordas criminales al servicio del déspota; saqueo de la riqueza petrolera y minera; desaparición de las reservas de oro que poseía el Banco Central de Venezuela; racionamiento de alimentos y medicamentos porque los hospitales están cerrados y suspendidas las cirugías de alto riesgo, por falta de equipos quirúrgicos para atender a millares de pacientes.

Un falso apóstol de la libertad y de la democracia, que se apoderó de las diferentes ramas del poder público en nombre de la auto-proclamada Revolución Bolivariana, continuando la desatinada propuesta política de su antecesor, el frustrado coronel Hugo Rafael Chávez Frías, que terminó aliado con los regímenes comunistas del mundo, para esclavizar a su pueblo y robarse hacia paraísos fiscales la enorme riqueza petrolera y minera que ha tenido el vecino país.

Desconfiado de la fidelidad de sus fuerzas armadas y de policía, el dictador Nicolás Maduro y su gavilla criminal han pactado una alianza con las organizaciones terroristas más peligrosas del mundo, incluidas las disidencias de las FARC en Colombia y la cúpula del autodenominado ‘Ejército de Liberación Nacional’ (ELN) para explotar las minas de oro y coltan, ubicadas en la zona fronteriza con El Brasil, sobre la línea divisoria de Apaporis y Tabatinga.  
 
Con los jefes de los grupos guerrilleros de Colombia alojados e instalados en Venezuela, los esbirros del régimen venezolano se han convertido en una tercera fuerza militar de carácter internacional para cometer crímenes de lesa humanidad, ejercer escarmienta contra los opositores políticos y atacar cuarteles militares y de policía en territorio colombiano, desestabilizando los departamentos del Arauca, Norte de Santander y La Guajira, por todo el corredor de dos mil doscientos kilómetros (2.200) de zona fronteriza.

El informe del alta comisionada de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, señala crudamente que miles de personas opuestas a la dictadura han sido exterminadas y muchas otras se pudren en las cárceles para escarmienta del pueblo venezolano que sigue sublevado, esperando el momento de una intervención militar que ponga fin a veinte años de la fracasada Revolución Bolivariana. El dictador es un asesino que ha cooptado las tres ramas del poder público y que en alianza con grupos terroristas de Colombia y del mundo, ha provocado la mayor estampida social que se haya presentado en América Latina.

Cuatro millones y medio de venezolanos han cruzado en estos tres años la extensa frontera con Colombia, huyendo de la dictadura salvaje que maneja una organización de ‘Milicias Bolivarianas’, de bandidos de la peor laya, entrenados para acallar y matar a quienes protestan por la falta de alimentos, medicinas y salarios dignos. Nicolás Maduro y su alzafuelles Diosdado Cabello Rondón constituyen la tenaza que ha esclavizado al pueblo venezolano y saqueado su riqueza petrolera y minera, compartida con Rusia, China, Cuba y Nicaragua, para evitar una invasión militar de los Estados Unidos.

Para sacar del poder al tirano y sus adláteres hay que hacer uso de las armas, porque está agotada la vía diplomática. Maduro se queda en el poder y estaríamos asistiendo a la colonización comunista de América Latina. En estas circunstancias se impone el lenguaje de las armas y el poder de los Estados Unidos en América Latina, como se hizo contra otras tiranías como la de Gadafi, Sadam Hussein y Noriega, todos ellos dictadores que murieron en forma violenta porque hubo necesidad de usar las armas para liberar a sus pueblos. La paz no se negocia; se impone con la fuerza de la diplomacia, pero cuando la diplomacia no funciona, se impone con la fuerza de las armas.

Rafael Serrano Prada.
Directir/EL FRENTE.



Publicacion: Sabado 6 de Julio de 2019 


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