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La irracional obsolescencia programada Por: Jorge Enrique Solís



La irracional obsolescencia programada Por: Jorge Enrique Solís | EL FRENTE La calidad de un producto y la garantía ligada a su precio, sin duda son las características más importantes que tenemos en cuenta o exigimos al momento de adquirir un determinado producto. 

La globalización y las nuevas tecnologías incluidas en el mercado, han generado cambios sustanciales que perjudican directamente al consumidor, ya que la calidad en los productos está siendo sometida a una programación en tiempo de vida o uso, dejándolos obsoletos o disfuncionales, motivados más por un trasfondo económico.

La obsolescencia programada, en resumen, no es otra cosa que el diseño de un producto para que deje de funcionar al cabo de un tiempo determinado, generalmente más corto que la duración real de vida que debiera tener, en donde no se tiene en cuenta el buen uso. Es un sistema para nada ético que está haciendo carrera y daño hace mucho tiempo no solo en la sociedad colombiana y que pese a ello se ve sometida a seguir soportando estos macabros abusos por falta de un control de garantías que frene este fenómeno de alta repercusión social.

Los ejemplos más claros de obsolescencia programada están en las bombillas, que antes duraban varios años, hoy solo uno o dos.  Las medias de las mujeres que son frágiles y se rompen con facilidad.  Los frigoríficos, neveras y lavadoras que duraban más de 30 años, hoy no llegan ni a la mitad del tiempo. En los computadores, impresoras y teléfonos celulares se hace más notorio, debido a los sistemas operativos, software, versiones y nuevos modelos que incluyen mejoras y actualizaciones constantes, obligando a los usuarios a la renovación o cambio total del equipo por necesidad o moda.

Esto se tipifica como un engaño planificado y “justificado”, con el argumento de que el consumidor tendrá mejores y más eficientes productos actualizados, además de lograr con este atípico sistema nuevos empleos, investigación y desarrollo de mercados, innovación y crecimiento económico, lo que es tomado como un sofisma de distracción.  De otro lado esto conlleva a un problema de contaminación generado por los productos desechables y residuos peligrosos, lo que causa altos costos al dañar el medio ambiente.

El control se hace complejo, pues no se cuenta con un personal calificado que identifique la durabilidad de un producto, por lo que debe exigirse al fabricante registrar el tiempo de vida calculado en cada uno de ellos. Por fortuna algunas multinacionales que aún no están de acuerdo con la obsolescencia programada tienen un sello de identidad: ISSOP, que significa: Innovación Sostenible Sin Obsolescencia Programada, lo que brinda seguridad y confianza al cliente.
Es un tema que debe debatirse, a fin de que se legisle para expedir normas que controlen este virus económico que sigue afectando el comercio en general.



Publicacion: Sabado 13 de Enero de 2018 


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