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Opinión - Editorial


Los púlpitos rechazan campañas terroristas de la Federación Colombiana de Educadores



Los púlpitos rechazan campañas terroristas de la Federación Colombiana de Educadores  | EL FRENTE
En el templo parroquial de Charalá, cuna de la Revolución de los Comuneros, se alzaron las voces de rechazo contra la manipulación que realiza la Federación Colombiana de Educadores –FECODE- para comprometer a padres de familia y estudiantes en una campaña terrorista, para destruir las instituciones que durante casi dos siglos le han garantizado la educación gratuita a los niños y jóvenes a través de las escuelas públicas y colegios oficiales. Mientras los maestros dirigidos por FECODE se oponen a la realización de clases de manera presencial para los estudiantes de primaria y secundaria, recibiendo religiosamente el pago de sus mensualidades a través de sus cuentas bancarias, los hijos de los pobres tienen que esperar a que los flamantes educadores sigan en las calles de los centros urbanos realizando protestas, asistiendo a manifestaciones tumultuarias, que esperan prolongar de manera indefinida, mientras llega el momento de dar el zarpazo para destruir la democracia y entronizar un régimen comunista en Colombia.


Las acciones terroristas contra los sistemas de transporte masivo, contra las entidades financieras y plataformas comerciales, además del bloqueo de los corredores viales y la destrucción de vehículos de carga que transportan los productos hacia los centros de consumo, encarnan una estrategia para la toma del poder por parte de una marejada de chambones, que todavía creen en los viejos textos de la doctrina marxista-leninista, que fracasó en el continente europeo y que, como instrumento de la anarquía, pretende instalarse en Colombia a partir del siete de agosto del próximo año, cerrándole puertas y ventanas a las expresiones democráticas que dicen defender.

El párroco de Charalá lanzó una fuerte requisitoria contra el sindicato de FECODE que, en medio de las protestas callejeras, lanzaron consignas absurdas como aquella que decía en un cartel que encabezaba una protesta: ‘Mientras existan maestros de pie, no habrá pueblos de rodillas. Viva el paro nacional’. Según el levita, ‘eso es una vergüenza que pretendan erigirse en los amos de esta nación que ha construido sus instituciones y que ha creado condiciones para que los hijos de los pobres puedan estudiar y alcanzar la formación profesional, garantizada por las universidades públicas’. ‘A estos maestros que promueven el paro general les falta el chip de la sabiduría para lanzar mensajes y consignas de carácter sindical, cuando desde las zonas de confort creadas durante quince meses de pandemia, la mayoría no han asistido a sus lugares de trabajo y sin embargo reciben sus sueldos mensuales que el estado colombiano les consigna en sus cuentas bancarias.

Rechaza la jerarquía eclesiástica el desorden y la anarquía que se ha vuelto caldo de cultivo para los desórdenes callejeros, para el sabotaje, para el enfrentamiento con las autoridades encargadas de proteger la vida y los bienes de todos los colombianos. ‘El pueblo colombiano no está de acuerdo con estos terroristas que salen a destruir los bienes públicos y privados; que destruyen la ilusión de las nuevas generaciones; que pretenden obtener más privilegios de los que tienen aquellos que pertenecen a la nómina del magisterio oficial’. “Que diferencia con la gente humilde que trabaja de sol a sol en las estancias campesinas, que cultiva la tierra y extrae del surco los productos del consumo diario para sus hogares, sin presentar pliegos de peticiones, sin alterar el orden público”, se pregunta el orador sagrado.

“Canallas’ dice el párroco de Charalá al mencionar a los líderes de FECODE que están perturbando la seguridad y la tranquilidad del país. “Cuánto ganan ellos en sus lugares de confort, que solamente tienen tiempo para salir a protestar para obtener mayores privilegios, mientras los hijos de los pobres se quedan estudiar, sufriendo las consecuencias del mal ejemplo de los llamados ‘Educadores’, que no están luchando por defender las instituciones sino por destruirlas.

Valiente posición de un sacerdote que desde la cátedra religiosa fustiga a los grupos anarquistas y terroristas que, desde el sindicato de FECODE, invitan a la destrucción de Colombia.   
 



Publicacion: Viernes 11 de Junio de 2021 


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