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Opinión - Editorial


Un movimiento nacional para salvar a Colombia



Un movimiento nacional para salvar a Colombia | EL FRENTE
Que se desperdicie la oportunidad de una ‘Gran Alianza Nacional’ para escoger el próximo presidente de la república puede conducir al cataclismo. Los partidos históricos, que deberían someterse a la decisión de las consultas internas, ya dieron el paso hacia el abismo, con las candidaturas de Alejandro Gaviria Uribe en el partido liberal y de Alejandro Barguil Assis en el partido conservador.  Se la dejaron fácil al candidato opositor, Gustavo Petro Urrego, que los puede triturar en las plazas públicas. La advertencia la hacemos con e3psíritu patriótico, porque se han quebrantado las normas estatutarias del liberalismo y del conservatismo, que hace siglo y medio construyeron los pilares de la democracia en Colombia.

Mucha gente de bien está pensando en la grave situación que les espera a los empresarios colombianos, a los industriales, a los comerciantes, a los hacendados y al gremio ganadero, con la posible expropiación de sus tierras, por la falta de sindéresis política para cumplir con la regla oro de la democracia, escrita en los estatutos de las antiguas colectividades, que fueron y han contribuido a la creación de nuestras instituciones.

Aún es tiempo de analizar el momento que vive Colombia, con una economía destrozada por la pandemia del coronavirus; con una guerra de guerrillas que convirtieron su rebeldía en grandes organizaciones de narcotraficantes; que patrocinan la violencia y el desarraigo de las comunidades campesinas, obligadas a concentrarse en los cinturones de miseria de las grandes ciudades. Es evidente que estamos dando un paso al vacío, al escoger candidatos presidenciales que los van a derrotar en la primera vuelta.

Los expresidentes César Gaviria Trujillo, liberal y Andrés Pastrana Arango, conservador, que todavía mantienen vigencia, están desperdiciando el momento histórico de liderar el proceso de ‘Unidad Nacional’ frente a la amenaza de un régimen totalitario, en cabeza del senador Gustavo Petro Urrego, que aprovecharía el panorama de anarquía para llegar a la Casa de Nariño y convertirse en el primer exguerrillero que llega a la presidencia de Colombia.

Tampoco ha cumplido con su misión como estadista y gran figura nacional el ex vicepresidente Germán Vargas Lleras, que debería contribuir a la creación de una ‘tercera vía’, colocando las cartas sobre la mesa para evitar la catástrofe. No entendemos cómo sacan del escenario político al exministro de hacienda Mauricio Cárdenas Santamaría, que conoce el manejo de las finanzas nacionales y que es el último de los grandes estadistas que le quedan al partido Conservador.

Colombia tiene dieciocho (18) partidos políticos acreditados ante el Consejo Nacional electoral, pero ninguno se compromete con la suerte del país, ni es capaz por si solo de enfrentar la amenaza del fracaso que produce la feria de vanidades, en la que aparecen como protagonistas de la política nacional unos ‘ilustres desconocidos’ que solamente desean un espacio en el tarjetón electoral para la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

La región oriental del país no se siente comprometida, ni representada en la escogencia objetiva de las actuales candidaturas presidenciales, producto de la imposición, que violan el espíritu de legalidad consagrado en sus normas estatutarias. Las directivas políticas deberían escuchar y oír las voces de la lejana provincia, donde existen organizaciones de ciudadanos que pertenecemos a los partidos históricos y donde existen líderes capaces de convocar, desde la periferia, unas candidaturas presidenciales distintas a las que aparecen en el radar de unas simples juntas de parlamentarios.     
     


Publicacion: Miercoles 13 de Octubre de 2021 


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