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Opinión - Editorial


Desde la ‘Guerra de la Independencia’ los colombianos seguimos DIVIDIDOS



Desde la ‘Guerra de la Independencia’ los colombianos seguimos DIVIDIDOS | EL FRENTE La paz en Colombia ha sido una utopía y el sueño de millones de compatriotas que hemos conocido los horrores de la violencia.

En los campos de batalla los héroes de la independencia nacional se dividieron en bolivarianos y santanderistas, los primeros soñando con adoptar un sistema monárquico para coronar al General Simón Bolívar y los santanderistas, partidarios de crear un sistema presidencialista, que continúa hasta nuestros días, en medio de avatares, conflictos y confrontaciones que han sido la causa de la formación de grupos subversivos, de terroristas y bandoleros, que han tenido diversas denominaciones.

Pero la paz, en el sentido exacto del vocablo, ha sido esquiva en todo tiempo y lugar.

El General Francisco de Paula Santander, nacido en la Villa del Rosario de Cúcuta y denominado el ‘Padre de las Leyes’ había sido alumno del abogado y General Custodio García Rovira en el Colegio Mayor de San Bartolomé, donde se formaron los primeros abogados que lideraron la causa de la libertad.

De España habían enviado a las colonias americanas una serie de alcabaleros que pretendían recaudar nuevos impuestos para la guerra de la ‘Madre Patria’ contra Inglaterra, lo que produjo la mayor estampida social que se denominó ‘La Revolución de los Comuneros’.

Veinte mil campesinos de alpargata encabezados por José Antonio Galán Zorro (ese era su segundo apellido), marcharon sobre Santafé de Bogotá para reclamarle al gobierno de la Corona Española mayor indulgencia con las tierras de los pueblos indígenas, de las que fueron despojados a sangre y fuego.

‘Los Comuneros’ fueron traicionados por el arzobispo Virrey Antonio Caballero y Góngora, que los indujo a firmar las Capitulaciones en el Puente Real de Vélez (Hoy Puente Nacional), para regresar a las tierras de El Socorro y Charalá, donde fueron traicionados y colgados los héroes de la primera revolución que hubo en América Hispana.

Nacimos a la vida republicana en la convención de Ocaña de 1828, completamente divididos, luego de producirse el atentado contra la vida del libertador Simón Bolívar por parte de los amigos del General Francisco de Paula Santander.

El Libertador escribió la histórica proclama que comienza diciendo: “si mi muerte contribuye para que cesen los partidos políticos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.  Desolado, abandonado y triste por la traición del General Santander, el libertador se trasladó a la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, donde murió el 17 de diciembre de 1830.

Como ha ocurrido en las guerrillas de las FARC y del ELN, las divisiones han provocado los hechos más crueles, como el asesinato del ideólogo Jaime Arenas Reyes, autor del libro titulado “La guerrilla por dentro’, donde se refería al estado de locura de su comandante militar, Fabio Vásquez Castaño, que ordenó matarlo en las calles de Bogotá, pocos días antes de salir del país para ocupar el cargo de consejero de la embajada de Colombia en París.

Desde que nacieron las guerrillas de las FARC y del autodenominado ‘Ejército de Liberación Nacional’ no hemos tenido paz en gran parte del territorio nacional.   Para los grupos subversivos, las negociaciones de paz son una forma para prolongar el conflicto armado y multiplicar el número de combatientes, como se ha visto en Colombia, al cumplirse cinco años de la firma de los ‘Acuerdos de la Habana’, donde doce mil combatientes se convirtieron en funcionarios que reciben sueldo del estado mientras sus ‘comandantes’ disfrutan de diez curules en el Senado y la Cámara de Representantes.

Pero la violencia sigue desangrando al país, porque la influencia del dinero fácil obtenido por la extorsión y el secuestro; por la resiembra de los cultivos de coca y amapola, por la producción de estupefacientes que se convierten en el combustible del conflicto armado, no se arregla con la política de sustitución de cultivos, sino con la mano fuerte el estado para combatir a los rebeldes.

Hace treinta años se propuso un acuerdo de paz con las guerrillas del ELN, que nacieron hace medio siglo en el departamento de Santander, en una prestigiosa universidad y en un reconocido colegio de bachillerato de Bucaramanga. Sin embargo, la guerra y la violencia continúan convirtiendo a Colombia en el laboratorio de todos los conflictos que han provocado el mayor número de crímenes, desde cuando se firmaron los últimos acuerdos de paz.



Publicacion: Jueves 25 de Noviembre de 2021 


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